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Cómo se construye y se comunica un vino Nro. 1 del mundo

Autor

Karen Fabregat

Fecha de publicación

Enrique Tirado

Un vino es único cuando sabe contar de dónde viene y cómo se hace.

Le preguntamos a Enrique Tirado, el enólogo de Don Melchor, cuál es el ingrediente para comunicar el vino Nro.1 y nos explica por qué el origen no es un dato técnico, sino el punto de partida del relato, y cómo la búsqueda obsesiva de precisión, en el viñedo, en la elaboración y también en la comunicación, es lo que convierte a un vino en una experiencia irrepetible. No se trata solo de hacer el mejor vino posible, sino de saber transmitir el oficio, el cuidado y la humanidad que lo atraviesan.

Cuando Don Melchor fue elegido Vino del Año por Wine Spectator, el impacto fue inmediato. Pero lo verdaderamente interesante no fue el premio en sí, sino lo que dejó al descubierto: una forma de trabajar, de pensar y de comunicar que venía construyéndose desde hacía décadas.

Lejos de presentarlo como un golpe de suerte, el enólogo fue claro desde el inicio: no fue casualidad. Y desde comunicación, esa frase es clave. Porque un número uno no se sostiene solo con una gran cosecha, sino con una historia coherente, repetible y creíble.

El origen como argumento (no como postal)

La base del relato está en Puente Alto, a los pies de la cordillera de los Andes. No como descripción geográfica, sino como argumento de estilo. Suelos pedregosos de origen andino, noches frías, amplitud térmica y una madurez lenta que permite conservar frescura, energía y precisión.

El mensaje es claro: el vino no “sale bien”, es consecuencia de un lugar. Y ese lugar se explica, se repite y se convierte en identidad.

Profundizar en una sola idea

Uno de los rasgos más potentes del proyecto es la decisión —poco común— de profundizar durante más de 30 años en un solo vino y una sola variedad. El Cabernet Sauvignon aparece en su discurso como un instrumento: siempre el mismo, pero capaz de sonar distinto según cómo se lo interprete.

Esa idea, bien comunicada, transmite oficio. Habla de paciencia, de foco y de una visión a largo plazo. Tres valores esenciales en marcas de alta gama.

Precisión que se puede contar

El viñedo está dividido en 151 parcelas, cada una con características propias. No es un dato técnico: es una herramienta narrativa poderosa. Permite explicar complejidad, selección y criterio. Cada cosecha implica elegir, descartar y ensamblar lo mejor de cada año.

El momento del ensamblaje —una semana de cata intensa probando más de 200 vinos— refuerza el costado humano del lujo: tiempo, concentración y decisiones sensibles. Tecnología hay, pero al servicio del criterio, no al revés.

Viñedo solar: innovación con sentido comunicable

En 2018 se plantó el viñedo solar, un viñedo experimental con múltiples orientaciones para estudiar la relación entre la planta, el sol y la madurez. Desde comunicación, esto no se lee como un experimento técnico, sino como una declaración de futuro.

La marca no solo celebra lo que logró: muestra cómo se prepara para lo que viene. Cambio climático, decisiones más precisas, información aplicada al viñedo histórico. Innovar, pero con propósito.

Incluso el detalle de no revelar cuál es la orientación ideal suma valor: en el mundo premium, el misterio controlado también comunica.

Don Melchor


Después del Nº1, te exigen ser Nº1 en todo

Enrique explicó que, después del premio, el consumidor ya no exige solo un gran vino. Exige coherencia total: en la botella, en la etiqueta, en la presentación y en la comunicación.

Desde marca, esto es clave: el reconocimiento eleva la vara. El desafío ya no es llegar, sino sostener el relato con hechos.

Cultura, equipo y comunidad

Detrás del vino hay generaciones de personas trabajando en el mismo proyecto. Esa continuidad construye reputación. Y se suma un factor poco habitual en vinos ícono: la relación con la comunidad.

Don Melchor funciona como pulmón verde dentro de una de las comunas más pobladas de Chile. Para quienes viven y trabajan allí, el vino es motivo de orgullo local. Desde comunicación, esto baja el lujo a tierra sin quitarle prestigio: lo vuelve pertenencia.

La lección

Un vino puede ganar un premio. Pero convertir ese premio en marca requiere algo más complejo: una visión clara, un método consistente y una historia que explique por qué ese lugar, ese equipo y esas decisiones podían llegar ahí.

Don Melchor no se comunica como una medalla. Se comunica como un sistema. Y ahí está la diferencia entre un número uno pasajero y un ícono que se sostiene en el tiempo.


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