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El Foro de Enoturismo de Montevideo puso foco en las experiencias que suceden alrededor del vino

Autor

Karen Fabregat

Fecha de publicación

¿Qué tienen en común una fiesta electrónica, un restaurante, una artista que pinta con vino y una bodega?

Durante años, cuando hablábamos de enoturismo, la conversación parecía girar siempre alrededor de lo mismo: el vino, el viñedo y la bodega. Sin embargo, al asistir al segundo Foro de Enoturismo de Montevideo salimos con la sensación de que esa definición quedó pequeña.

A lo largo de la jornada se habló de gastronomía, arquitectura, educación, arte, movilidad, tecnología, sostenibilidad, experiencias y comunicación. A simple vista parecían conversaciones distintas, pero todas terminaban llegando al mismo lugar: el vino sigue siendo el protagonista, sí, pero ya no alcanza con un buen producto. Hoy el diferencial está en todo lo que sucede alrededor de él.

Desde la División Turismo de la Intendencia de Montevideo, la presentación del proyecto Del Enclave al Entramado dejó una idea interesante: el enoturismo no puede construirse de forma aislada. Bodegas, restaurantes, operadores turísticos, emprendimientos culturales, transporte y comunicación forman parte de un mismo ecosistema. El desafío dejó de ser sumar o crear propuestas, sino conectarlas para que el visitante pueda descubrirlas como una experiencia integrada.

Y justamente la palabra conectar apareció una y otra vez, aunque cada expositor la entendiera desde un lugar distinto.

Bruno, de Wine Tour Uruguay, contaba una anécdota muy clara: en uno de sus tours, una persona llegó a una bodega convencida de que "no les gusta el vino", había ido simplemente a acompañar a una amiga. Sin embargo, después de recorrer un viñedo, escuchar una historia familiar y entender el trabajo que hay detrás de una botella, terminó llevándose no una, sino dos cajas y preguntando cuándo era la próxima salida. Lo que cambió no fue el vino, cambió la experiencia.

Los socios de Itinerante fueron por un camino parecido. Su propuesta combina música, gastronomía y bodegas para acercar a nuevas generaciones al mundo del vino. Buscan que la fiesta sea la puerta de entrada para descubrir al vino. Entienden que primero hay que hablarle a las personas en su propio lenguaje y recién después invitarlas a profundizar.

La misma lógica apareció en el panel dedicado a las experiencias culturales. Pintar con vino, intervenir cerámica mientras se comparte una copa o generar espacios de conversación para mujeres donde el vino funciona como disparador no son propuestas que compitan con las bodegas. Al contrario: amplían las formas en que las personas pueden acercarse al vino y construir un vínculo emocional con él.

También hubo espacio para hablar de formación. La Escuela Superior de Vitivinicultura presentó su Tecnicatura en Gestión de Vinos y Aceite de Oliva, una carrera que apuesta por profesionales con una mirada integral: personas capaces de entender la producción, la gastronomía, el marketing, el servicio y la organización de experiencias. Una señal de que el futuro de la industria necesita perfiles cada vez más transversales.

Quizás una de las reflexiones más interesantes llegó desde la gastronomía. Germán, del histórico Bar Tabaré, planteó que hoy hacer un buen vino ya no es suficiente para diferenciarse. La diferencia está en la historia que acompaña esa botella, en la experiencia que se construye alrededor de ella y en la capacidad de generar un recuerdo que vaya mucho más allá del momento de consumo, y que tal vez sean necesarias alianzas entre los restoranes y las bodegas que expandan esa experiencia.

Como agencia especializada en vino, fue imposible no escuchar un mensaje que atravesó prácticamente todos los paneles.

Se habló de atraer público joven, de generar comunidad, de crear experiencias memorables, de diseñar espacios, de facilitar el acceso, de formar personas y de trabajar en red. Nosotros le pondríamos otro nombre a todo eso: comunicación estratégica.

Entendemos que comunicar no empieza cuando se publica un reel ni termina cuando alguien sube una historia desde una bodega, de hecho es mucho más que eso.

Comunicar es decidir qué historia queremos contar, cómo se vive una marca desde que alguien la descubre hasta que recomienda esa experiencia a otra persona. Es entender que un recorrido, un menú, una playlist, la arquitectura del lugar, la persona que recibe al visitante y hasta el transporte forman parte del mismo relato.

En un momento en el que el consumidor tiene más opciones que nunca (vino, cerveza, vermut, gin o cualquier otra bebida) la competencia ya no pasa únicamente por el producto. Pasa por la capacidad de emocionar, de generar curiosidad y de construir experiencias que merezcan ser recordadas.

Quizás ese haya sido el mayor aprendizaje que dejó este Foro de Enoturismo.

El vino sigue siendo el punto de partida, pero las personas vuelven por la historia que vivieron alrededor de él.

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